la novela inédita – comienzo

El cuaderno de Coyoacán


Hay pocas cosas más incitantes para mí que un cuaderno en blanco, limpio, vacío, libre. Un cuaderno como este que, por esas casualidades que suelen ocurrir sobre todo cuando las buscas, encontré ayer en un anaquel de una simpática tienda para turistas en Coyoacán. Me gustan así: con las páginas inmaculadas, sin sombra de cuadrícula ni leves líneas trazadas en horizontal que me encaminen el ánimo. Un cuaderno de páginas blancas es como un poderoso imán de ideas irreverentes, de historias distorsionadas, de estados de ánimo desquiciados. Y presiento que justo ahora más que nunca preciso de un espacio abierto y compasivo, que me acoja en mis miedos y en mis imperdonables dudas.

-¿Otro cuaderno? –Se sorprendió Santi cuando me vio con él ante la muchacha de la caja registradora.

Y qué le vamos a hacer, si él es así, con esa capacidad pasmosa de sorprenderse de las cosas más previsibles de la vida. ¿Qué puede haber en este mundo más previsible que el hecho de que yo me enamore perdidamente de un cuaderno nada más llegar a una ciudad extraña?

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