Sant Jordi y los libros

Siempre me ha costado mucho explicarme a mí misma el porqué de mi pasión por los libros. Y supongo que está bien que así sea, pues las pasiones se originan lejos muy lejos de la razón. Pero entonces resulta que estoy tan absorta en mi lectura y de repente me topo con algo que me reconforta, o que me hace sentir acompañada en mi comprensión del mundo, o que me hace de espejo de aquello que intuía pero que no sabía cómo desentrañar.

Como ya sabéis estoy metida –¡todavía!, ¿pero dónde está esa voraz lectora que yo conocí?– de lleno en la lectura de El Reino, de Emmanuel Carrère, y me he encontrado esta perla que quiero compartir aquí:

“La vida feliz, tal como Séneca describe sus encantos a su hermano Galión, se basa enteramente en el ejercicio de la virtud y la paz del alma que proporciona. Sus palabras clave son la abstención, el retiro, la quietud. La felicidad consiste en ponerse al margen. Hay que ejercitarse en esta práctica todos los días, en todo momento –y este ejercicio se llama en latín meditatio-, liberarse del poder de los afectos, no lamentar, no esperar, no prever. (…)

Séneca era un caballero español que había hecho una carrera fulgurante en Roma, lo cual dice mucho sobre la integración en el imperio: pasaba por ser una encarnación del espíritu romano y nadie habría pensado nunca que era español, del mismo modo que nadie pensará que San Agustín era argelino. Hombre de letras, autor de tragedias de éxito, gran vulgarizador del estoicismo, era también un cortesano dominado por la ambición, que conoció el favor imperial bajo Calígula, cayó en desgracia bajo Claudio y recuperó su posición al comienzo del reinado de Nerón. Era, por último, un avispado hombre de negocios, que utilizó sus prebendas y sus redes para convertirse por sí solo en una especie de banco privado y amasar una fortuna valorada en 360 millones de sestercios, es decir, el equivalente de otros tantos millones de euros. Cuando se sabía esto, y todo el mundo lo sabía, se estaba tentado de tomarse a guasa sus elogios sentenciosos del desapego, la frugalidad y el método que aconsejaba para ejercitarse en la pobreza: una vez por semana, comer un pan tosco y dormir en el suelo.

¿Qué dice Séneca para defenderse de estas críticas que acabaron convirtiéndose en una conjura? Primero, que nunca ha pretendido ser un sabio consumado, sino que solo se esfuerza por llegar a serlo, y a su ritmo. Que incluso sin haber recorrido él mismo todo el trayecto, es hermoso indicar la dirección a los demás. Que al hablar de virtud no se pone como ejemplo y que al hablar de los vicios piensa ante todo en los suyos. (…) ¿Qué hay de malo en comer en una vajilla de oro si por medio de la meditatio te aseguras de que la comida sabe igual de bien en una zafia escudilla?”

Menudo, Séneca. ¿Y por qué será, siendo tan antiguo, que me suena tan próximo? No sé, me da que es el peso de nuestra intratable humanidad que una y otra vez nos domina.

Gracias, libros, por ayudarme una y otra vez a ubicarme en este mundo.

¡Feliz, muy feliz día de Sant Jordi!

Sant-jordi-2016

Por cierto, no nos olvidemos de Idomei. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce, quince, dieciséis, diecisiete, dieciocho.

 

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6 respuestas a Sant Jordi y los libros

  1. Fran Chuan dijo:

    Delicioso lo atemporal del meditatio. Gracias Anna por tu aportación en un día tan mágico.

    • annalleonart dijo:

      Juraría que te había respondido… pero parece que no, sorry!
      Creo que te decía que lo que me parece llamativo, aunque sabido, es lo atemporal de la doble moral. Pero seguro que ambas cosas, la meditatio y la doble moral, nacieron con el mundo y morirán con él.
      Beso!!

  2. Maribel Noyola dijo:

    Mi querida Anna,

    Amo leerte, te entiendo perfectamente. Tus reflexiones las describes con elocuencia… Wow, bravo! Un fuerte abrazo y un besito Maribel

    Von meinem iPad gesendet

    >

  3. Nieves dijo:

    “Sus palabras clave (de esa vida feliz) son la abstención, el retiro, la quietud. La felicidad consiste en ponerse al margen”
    ¡Esto me suena! pero… cómo se hace? lo de ponerse al margen, digo.

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