Méritos y deméritos de apellidarse Tusquets

Los libros llegan a nuestras vidas por caminos poco sospechados… Este verano se produjo en mi vida una tonta coincidencia que desembocó en la compra de un determinado libro y su posterior lectura.

La coincidencia –y ya veréis si no es tonta- consistió en leer el número 2 de la revista Librújula y a la par encontrar –haciendo limpieza de los cientos de papeles y papelitos que durante el invierno se acumulan en mi billetero- un vale de la Llibrería Índex que tenía totalmente olvidado. Dicha coincidencia me llevó, como ya apunté, a la siempre ilusionada compra de un libro, en este caso “También esto pasará”, de Milena Busquets Tusquets, editado por Anagrama.

Sí, ya sé que no es un libro que se haya escrito pensando en mí, pero confluían la curiosa entrevista de Iturbe en Librújula –entrevista que ya por su tono debería haberme levantado las alertas-, más la tenencia de un vale del Índex por importe suficiente –¿por qué me ocurre siempre que un vale me parece menos dinero que el dinero? ¿quizás por que es dinero ya gastado?- y por último la firma de Anagrama, que eliminaba dudas con su halo de apreciada solvencia.

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Pues no, mi ilusión acabó en un bluff, y ya lo siento, sobre todo porque desmerece el nivel de mis lecturas de verano. Como penitencia me fui enseguida a la biblioteca y me agencié las Confesiones de San Agustín y el Tristram Shandy de Stern, libros de altos vuelos literarios que, extrañamente, se encontraban disponibles. Entre mis lecturas de castigo y el espeso calor que hemos sufrido estas semanas pasadas no os preocupéis si aún me veis andando por las calles de Vilassar haciendo eses como pato mareado.

“Todo esto pasará” ha resultado un fraude. Más que una agradable lectura es un agradable exabrupto. Y ya siento, también, todo el bombo mediático que se le ha dado a este libro, pues no puedo evitar que mi parte oscura se pregunte cómo es que el mundillo editorial, tan sesudo y siempre ponderado, puede dejarse llevar tan alegremente por sus miserias. ¿Qué hace en mi mente la imagen de un chancho revolviéndose en maloliente charca?

Si lo vemos desde el punto de vista de la autora, el libro es un grito de rabia existencial por la enfermedad y el fallecimiento de su madre, acompañado de una serie de nostálgicas estampas de una vida cuanto menos… ¿frívola? Bueno, para mí ella es la única que se salva en esta película, pues, me guste o no, está en su derecho de escribir y de vivir lo que le venga en gana y pueda.

Desde el punto de vista del entorno editorial, lo dicho, el libro es un señuelo lanzado para disfrute de los depredadores, que son ellos mismos (cosas del estrés al que la crisis los tiene abocados, yo les entiendo, ¿eh?). ¿Qué si no puede explicar el revuelo que despertó el manuscrito de la novela en la feria de Frankfurt? ¿O –como la misma autora explica en Librújula, y el asombro que muestra la salva aún un tantito más- que el muy editor señor Gallimard la invitara a Paris y la atendiera con parabienes dignos de una gran dama de las letras? Lo que a ellos les pone (y disculpen editores que no les tenga en mejor estima, en cuanto me publiquen se me pasa, se lo aseguro) es ver aireadas ciertas intimidades de la señora Esther Tusquets, madre de Milena -y para los que no estéis puestos en la materia, aclaro: esta señora fue durante años uno de los pesos pesados de la edición en Barcelona, en aquellos gloriosos años en que la edición en Barcelona era un peso más que pesado de la edición mundial, ahí es nada-.

Y desde el punto de vista del lector… Pues, ¿qué queréis que os diga?, es del todo evitable. Quitado de algunos momentos de hondura y de verdad en que la protagonista se dirige a su madre con nostalgia vehemente, el resto es del todo insustancial. No tiene el menor interés la deriva depresiva de una mujer que se devanea entre sus dos íntimas amigas, sus dos exmaridos, su amante en declive, su tercer exmarido en ciernes –al que echa el ojo en el mismito funeral de su madre-, su devoción por sus dos hijos de los que cuida la muchacha, su alergia a entrar en una cocina si no es a por los hielos –ya sean para poner en el fondo de un vaso, ya sean para poner sobre la cabeza aturdida por el trasnoche-, su amor por los perros y cuanto más perdedores mejor… En fin, que este no es mi mundo, ni tampoco es un mundo que me interese lo más mínimo.

Y ya lo siento, ¡por una vez que tenía un vale!

 

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5 respuestas a Méritos y deméritos de apellidarse Tusquets

  1. Toia dijo:

    A mi tampoc em va agradar,el vaig comprar amb moltes expectatives i el vaig començar a llegir amb il.lusió però aviat massa aviat em va desencantar!!

  2. Raquel Bueno dijo:

    Hola,
    doncs jo el tinc a la llista de “pendents”. No recordo qui em va comentar que estava força bé.

  3. Raquel Bueno dijo:

    De moment, crec que es quedarà un temps més a la llista, doncs!

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