Cuaderno de Coyoacán

Aquí os presento el Cuaderno de Coyoacán hecho libro:


Cuaderno de Coyoacán ya disponible en:

  


¿No es emocionante? ¿Que cómo fue? Pues…

Érase una vez, una Yo que se pasaba el día incordiando a amigos y a conocidos con aquél libro eterno que dormía en el cajón de los justos sin encontrar a nadie que lo quisiera: ni editorial, ni agente, ni premio que se preciara.

De tanto dar la vara, mi Librera de Cabecera se compadeció de mí, y me propuso como quién no quiere la cosa: ¿Y si te la edito yo? ¿Y si lo hacemos nosotras? Yo seguí rezongando mis penas sin hacerle apenas caso, como si tan solo hubiera oído el leve shhhaasss que hace un asteroide al rozar suavemente nuestra atmósfera más exterior.

Pero en la cabeza de la Librera había anidado algo, y empezó a intrigar a mi alrededor…

Pocos días más tarde, me encontré por la calle al que era y es mi Amigo de Cabecera (aunque ahora se haya ido lejos, allí donde no llega la internet), me abordó con descaro: Ni te lo pienses. ¿Pero qué estás dudando? Lo hacemos entre todos. No quiero oir más tus lamentos. El Coyoacán tiene que publicarse. Yo primero no sabía ni de qué me hablaba, pero luego me dijo dónde había estado (de hecho era evidente: llevaba una bolsa del Índex cuajadita de libros por estrenar) y en seguida me encajó su retahila de eslógans. Pepi -la Librera- estaba currándose ya el proyecto.

Desconcertada y algo contrariada (¡yo quería una editorial al uso!, ¡¡un agente maravillas!!, ¡¡¡un premio multicolor!!!), llegué a casa y le conté la situación a mi Marido de Cabecera, sin sospechar que tambíen él andaba metido en el ajo: Creo que no tienes escapatoria… además, serás bastante tonta si no les haces caso. Me sentí dolida, traicionada, abandonada… Los largos tentáculos de Pepi y de Carlos -sí claro, el Amigo- habían llegado hasta mi círculo más íntimo, todo estaba infestado… ¡Estaba perdida!

Fran -el Marido- se sonreía divertido sabiendo que me tenían más que rodeada.

No me quedó más remedio que ponerme en sus manos, y dejarme llevar…

Ha transcurrido tiempo, mucho tiempo (ya sé, Carlos, demasiado), el tiempo que necesitan los proyectos novatos y hechos a base de ratos desperdigados, y aquí estamos: emocionados, exultantes, orgullosos… con el Cuaderno de Coyoacán en las manos y con un balbuceante proyecto Índex Edita un tanto alocado y soñador que queremos compartir contigo.

Y colorín colorado, este cuento tan solo ha empezado…